-Hey, Frank, bienvenido - dijo Alex mirándome atentamente - toma asiento con Gerard... Cuando dijo eso, Gee le lanzó una mirada extraña, pero traté de ignorarlo.
-¿Comenzamos? - preguntó Gerard sentándose de mi lado.
-O-oye Gerard, recuerda que no sé jugar cartas - dije tímido.
-¿No sabes? - respondió Alex - ah... olvidé que a los hombres les enseñan a jugar - dijo en forma grosera.
-Alex... - dijo Gerard enojado.
-No, no, está bien, te enseñaremos cómo jugar, Frank - respondió Alex con una sonrisa malvada. Creo que cometí un gran error al aceptar la invitación de Gerard. Pero por estar con él, no me importa nada.
Gerard me mostró como ordenar las cartas, qué significaba cada símbolo y cómo debo jugarlo. Gracias a él, he aprendido un juego de mesa nuevo. Sé que suena estúpido, pero es la verdad... la hermosa verdad. Aunque tuve que soportar los comentarios mal intencionados de Alex y sus idiotas amigos.
-¡Ajá! te he ganado - dijo con gozoso de ello Alex - ¿les han dicho lo malas que son las mujeres jugando cartas? - comentó intencionalmente - y me he dado cuenta de que es cierto.
-¡Ya basta! - grité parándome con furia - ¡he tenido que soportar tus malditos comentarios durante todo el tiempo que estuvimos jugando, ya déjame en paz!
-Uy, ¡Frankie se enojó! - dijo un chico gordo y cabezón sentado al lado de Gerard. Y cuando dijo eso, todos se comenzaron a reír.
-Bastardo, ¡déjalo tranquilo! - respondió Gerard tomándolo del cuello con intención de golpearlo con el puño cerrado.
-¡LOS ODIO A TODOS! - grité con los ojos a punto de desbordar un valle de lágrimas. Salí corriendo en ese momento llorando amargamente.
-¡Frank! - gritó Gerard - esta vez se pasaron de putos, ¡sí que lo hicieron! - dijo muy furioso. No me dí cuenta que Gerard me siguió. Entré a mi cuarto, oscuro, sin nadie adentro, pero al escuchar sus pasos, supe que no estaría solo en ese momento.
-Frankie... - dijo en tono angustiado Gerard - por favor, perdóname por haberte invitado a jugar, te juro que no pensé que se portarían tan mal contigo.
-No es culpa tuya, esos desgraciados me tratarían mal de cualquier modo, yo lo sabía - respondí llorando.
-¿Entonces por qué aceptaste mi invitación? me hubieras explicado lo que sucedía y yo te habría entendido perfectamente, Frankie - dijo tocando mi mano.
-No - respondí tomando su mano - yo... acepté porque no quería decepcionarte, quería acompañarte, me hubiese sentido muy mal si hubiera dicho no.
-P-pero... - respondió demostrando nerviosismo - ah, Frank, gracias por todo, en serio, no he encontrado a alguien tan especial como tú. Nadie prefirió pasar un mal rato antes de decirme no - dijo sonriéndome - pero, quiero que comprendas, que yo prefiero un no, a verte mal, no sabes lo triste que eso me pone - dijo tomando mi cara buscando mis ojos con la mirada. Al tocar mi piel, sentía que todo lo que me entristecía se desvanecía.
-Gerard, no me pidas lo imposible - respondí mirando sus verdes ojos - yo te quiero mucho y... no me gusta decepcionar a las personas que quiero, menos a las que quiero con el corazón.
-Yo... también te quiero con el corazón - respondió Gerard acercándose. Nuestras narices estuvieron al punto de rozarse una a la otra. Estuvimos tan cerca que comencé a sentir una emoción muy fuerte.
-¿En serio? - respondí mirando sus labios.
-Sí... - respondió mirando mis labios. Nos acercamos y sin más, Gerard me besó. Lo único que pude hacer en ese momento era besarlo intensamente. Nuestro beso duró alrededor de diez segundos, luego de eso, Gerard dejó de besarme. Nos miramos a los ojos, en silencio.
-Y-yo... t-tengo que irme - dijo Gerard nervioso y ruborizado - b-buenas n-noches - dijo marchándose deprisa. Todo sucedió en una fracción de tiempo tan corta que me costó creer que había sucedido. No tuve tiempo de decirle nada... sólo supe que algo había pasado, que cambiaría nuestras vidas para siempre. Tomé la manta de Gerard, y me acosté en mi cama... no quise lavarme los dientes esa noche, deseaba tener el sabor de sus labios en mi boca hasta que se desvaneciera por completo.
-¿Frank, estás bien? - preguntó Joanna entrando a la habitación prendiendo la luz.
-Sí... estoy de maravilla, Jo - contesté feliz.
-¿Sí? - respondió - tienes una cara distinta.
-¿Se nota? - respondí contento.
-De hecho.
-Ah... buenas noches, amiga - dije sonriendo dándome vuelta.
-Buenas noches, amigo... - respondió curiosa - vaya que sufres cambios de humor drásticos he - dijo arreglando su cama - oye y, ¿no te cepillarás los dientes?
-¿Yo? - respondí sonriendo - no... ya me los cepillé.
-Bueno... buenas noches entonces.
-Buenas noches - respondí cerrando mis ojos. Lo único que veía al cerrar mis ojos era la mirada de Gerard. Y lo único que me boca sentía, eran sus suaves labios... esta noche, he comprobado que los ángeles existen, en verdad existen.
Continuará...
No hay comentarios:
Publicar un comentario