Recuerdo que nunca antes me habían llamado por teléfono para invitarme a cumplir uno de mis muchos sueños. Desperté realmente cansado y con un pitido molesto en la oreja izquierda, producto del ensayo de ayer con la batería a todo dar. Me llamó Claudia, una de mis buenas amigas, y me dijo quienes irían al viaje de mis sueños. Peter, Joanna, Alexander, son tres de los veinte que iremos a Orlando, a un viaje de vacaciones con todos los gastos pagados, pero había alguien en especial que me motivaba a tomar el avión, Gerard Arthur Way. Era el chico más lindo que jamás había visto. Pocas veces hablamos y, últimamente, tuvimos una pelea por culpa de un bastardo entrometido. Estabamos celebrando la fiesta de graduación en un bar, y un total desconocido obviamente ebrio, golpea a Gerard en la cara, me dí cuenta de lo que sucedía y me metí en medio, y golpeé al tipo. Aunque éste me devolvió la paliza y me destrozó la cara. Salí del hospital con puntos en la frente y un corte en la boca, el ojo morado y un fuerte dolor en el estómago. El doctor dijo que estaría bien en un par de semanas. Gerard, apenas me dieron de alta, me preguntó por qué rayos me había metido a defenderlo si ni siquiera nos conociamos bien. Creí que me daría las gracias, pero casi me mató entre gritos y insultos. Lo mandé al demonio por ser tan malagradecido, Gerard me respondió asotando la puerta y yéndose con la cara en llamas. Ya pasaron 2 semanas desde lo sucedido y, mañana es el gran día del viaje. Gerard me gusta, o más bien, me enamoró, desde la secundaria. Está de sobra decir que el amor que siento yo es prácticamente imposible de revelar, menos enfrente de alguien que no sabes como reaccionaría, y yo, por miedo a perder la poca cercanía con él, prefiero callar.
Saldré a ver qué ropa me compro o qué ropa me llevo, ojalá no me lo cruze en la calle porque eso arruinaría mi salida... Pasé de tienda en tienda, buscando opciones de verano, aunque me costó encontrar lo correcto. Volví a casa a eso de las 8:00 de la noche, con apenas una sola bolsa de ropa. Por lo menos logré tener lo que buscaba. Ahora, la parte más difícil, elegir qué llevar.
Cuando tuve todo lo que había escogido me paré con el cuello adolorido, y no hize más que lanzarme con todo a la cama para descanzar. Mañana... mañana... mañana... mi mente lo susurraba a cada instante. No puedo esperar.
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