Bienvenidos al blog original donde subiré los capítulos de mi fanfiction "Corazón a prueba de Balas".
Os agradezco a todos vosotros lectores, ¡me hes de inspiración que vosotros gustéis de ella!

jueves, 27 de enero de 2011

Capítulo 6 Parte 7/7: El club Zebra.

    Me desperté con el Sol dándome en la cara. Aún estando entre dormido y despierto, miré a mi alrededor. ¡No estaba en mi cuarto! Estaba en un cuarto diferente, miré mis sábanas y estaba desnudo... de pronto recordé que la noche anterior estuve con Gerard, qué noche. Miré con más atención lo que me rodeaba y vi a Gerard apoyado en el marco del baño, fumando un cigarro mientras me miraba sonriendo. Traía una sudadera color púrpura oscuro, unos jeans rústicos y un par de Zapatillas Converse negras. 
    -Buenos días - exclamó con esa sonrisa que me mataba - hasta que por fin el bello durmiente se decidió por levantarse - dijo acercándose a mí.
    -No se fuma en las habitaciones - dije sonriendo. Gerard apagó el cigarrillo y se sentó al lado mío en la cama.
   -¿A no? - respondió sacando mi flequillo de mis ojos - pues, que yo sepa tampoco se permiten los animales.
    -¿A qué te refieres con eso, eh? - dije fingiendo estar molesto.
    -Lo que vi ayer no fue más que un animal, un animal salvaje... - dijo mordiéndose los labios.
    -Entonces no sólo hubo uno, hubieron dos animales aquí - contesté mirándolo a los ojos.
    -¿Dos? - respondió mientras se le escapaba una carcajada. 
    -Sí, el otro era bastante guapo y alto, ¿lo conoces? - dije sonriéndole.
    -No me suena familiar - me dijo con una sonrisa coqueta - pero creo que conozco al otro animal.
    -¿A sí? 
    -Ajá - respondió sonriendo de lado - era bajito, muy atractivo, ¿te suena?
    -Creo que no - continué mirándolo con ganas de besarlo.
    -Pero creo saber que uno de los dos animales era más pudoroso que el otro...
    -¿Por qué dices eso? - respondí curioso mientras seguía sonriendo.
    -Porque uno está vestido ahora mismo, mientras que el otro tiene el culo al aire - dijo riéndose.
    -¿De verdad? - respondí riéndome - pero, también uno de esos animales es bastante desconsiderado.
    -¿Por qué? - preguntó acercándose a mí.
    -Porque el vestido podría darle ropa al desnudo, ¿no crees? - dije mirándolo de reojo. No encuentro las palabras para decir lo irresistible y sexy que se veía Gerard en ese instante.
    -Tienes razón, Frankie - dijo sonriendo mientras recogía mi ropa del suelo - además, podría ayudar al otro a vestirse... - insinuó sonriendo de aquella manera seductora y diabólica.
    -Sí... - dije mirándolo fijamente. Me levanté de la cama y me coloqué los boxers mientras Gerard me miraba lamiéndose los labios y dirigiéndome una mirada de una forma tan excitante.
    -Mi enano... - dijo besándome apasionadamente.
    -No te metas con mi estatura, pie grande - dije sonriéndole mirándole los labios.
   -Pero tienes lo tuyo, ¡eres mi enano con la polla grande! - respondió mirándome de manera pervertida. Ambos nos besamos intensamente por un largo período. Me colocó los pantalones mientras acariciaba mis muslos. Ojalá siempre me vistieran de esa forma cada mañana. Luego prosiguió con mi camiseta. Me la puso besándome el cuello y cuando finalizó, me chupó el cuello succionándolo como un vampiro hambriento.
    -Listo, pequeño - dijo besándome la frente.
    -Te amo - dije mirándole con amor.
    -Yo también te amo, Frank - contestó besándome con sus suaves labios. 
    -Oye, pasaré al baño para peinarme - dije mirándolo.
    -Okay - respondió sonriéndome. Entré al baño que había usado ayer para bañarme. Me miré al espejo, me lavé los dientes y comencé a cepillar mi pelo - que por cierto estaba algo sucio por lo de anoche - y miré mi cuello deseando saber por qué sentía que me palpitaba. Me dí cuenta de que tenía un moretón rojizo en el lado izquierdo.
    -¿No te gustó mi marca de amor? - preguntó Gerard mirándome parado en la puerta.
   -Claro que sí me gusto, mi vida - respondí mirándolo a través del espejo - pero, no me parece justo que sólo yo la tenga - dije mirándolo. 
   -Pues venga, házmelo tú también, delicia - contestó inclinando la cabeza. Me acerqué y le besé el cuello intensamente. Lo tomé del lado derecho y le chupé con deseo. Gerard gimió lentamente mientras lo hacía.
    -Te amo, enano mío - dijo besándome. Nuestros labios se juntaron con pasión alocada. Yo abría mi boca de tal manera en la que nuestras lenguas se daban paso para acariciarse una con la otra.
    -¿Tienes hambre? - preguntó al finalizar el beso.
    -La verdad, sí... tengo mucha hambre - contesté mordiéndome los labios. Tenía hambre, sí, ¡pero hambre de comerme a Gerard!
   -Ya sé que tienes ganar de comer algo... o alguien - dijo sonriendo de manera seductora y sexy - yo también la tengo - dijo mirándome de pies a cabeza.
    -Vaya que sí la tengo - respondí sonriéndole - pero, ¿dónde comeremos?
    -Pues aquí, supongo - dijo abriendo la puerta del cuarto para salir - ¿qué opinas?
    -No creo que den desayunos en este hotel...
   -Quién sabe, vamos a ver - contestó tomándome de la mano para subir al ascensor. Antes de bajar nos dimos un último beso, apasionado y sencillo.
    -Disculpe señor - dijo Gerard acercándose al área de recepción - ¿sirven desayuno?
    -No, caballero, sólo damos almuerzo y cena - contestó sin mirarlo.
    -Ah, está bien, gracias de todos modos - respondió Gerard caminando hacia mí.
    -No tienen, ¿verdad? - dije torciendo la boca.
    -No... oye, ¿por qué no vamos a desayunar al restaurante que está enfrente de la plaza?
    -¿Hay un restaurante ahí? - pregunté confundido.
    -Eso creo. Escuché una vez a Claudia decir que habían varios restaurantes en esta parte de la ciudad.
  -Bueno, nada perdemos en ir a ver - respondí sonriendo. Salimos del hotel mientras mirábamos al restaurante que había nombrado Gerard. Era bastante bonito a simple vista. Tenía las mesas al aire libre, con una sombrilla encima. El mesero estaba sentado en la banqueta de la entrada. Parecía como si no hubiesen clientes en el local.
    -Buenos días - dije mirándolo - ¿sirven desayunos?
    -Hola - respondió levantándose - sí... tenemos desayuno.
    -Suena bien, ¿qué te parece, Gerard? - pregunté mirándolo.
   -Me parece excelente - respondió sonriéndome - si quieres siéntate, yo iré a pagar la noche que pasamos en el hotel - dijo sacando su billetera - no tardo.
   -De acuerdo - contesté sonriéndole - aquí te espero. Me senté en una de las tantas mesas vacías que habían mientras veía a Gee alejarse caminando con dirección al hotel.
    -Y su novio, ¿no vendrá? - preguntó el mesero mientras me pasaba el menú.
    -N-no es mi novio - respondí sintiendo que mi cara se ponía roja.
   -Oh, lo siento - dijo mirándome curioso. El chico mesero era de aspecto callado y misterioso. Tenía el pelo rubio, ojos azules y usaba un piercing en el labio.
    -Descuida - respondí haciendo un gesto despreocupado.
    -Me llamo Bob - dijo extendiendo su mano - Bob Bryar.
    -Un gusto, Bob - dije extendiendo mi mano - me llamo Frank Iero.
    -¿Interrumpo algo? - dijo Gerard llegando con aspecto un poco celoso.
    -No, para nada - respondí mirándolo mientras se sentaba - él es Gerard Way, Gee, él es Bob Bryar - dije presentándolos.
    -Un placer - dijo Bob extendiendo su mano hacia Gerard.
    -Lo mismo digo, Bryar - respondió Gerard sin extender su mano. El chico notó que Gee no tenía ninguna intención de estrechar las manos, así que la bajó rápidamente. Me sentí un poco incómodo.
    -Amm, creo que voy a pedir esto - dije señalándolo en el menú - Gerard, ¿tú qué quieres pedir?
    -Lo mismo que tú - respondió sonriéndome. El mesero se llevó el menú y entró al restaurante dejando los menús encima de la barra.
    -¿De qué hablaban? - preguntó mirándome con desconfianza.
    -¿Estás celoso? - pregunté sonriendo.
    -Claro que no - dijo serio.
    -Oh sí que lo estás - respondí mirándolo sonriendo. Me encanta cuando se pone así.
    -No.
    -Sí.
    -¡No!
    -Anda, admítelo, bonito - le dije acariciándole la mano.
    -Está bien, sí, estoy celoso - respondió mirándome con recelo - no soporto ver a ese individuo contigo.
   -¡Ay, Gee! Apenas y lo conozco - contesté riendo - y aunque lo conociera de años, no te cambio por nada, nada de este mundo, tontito.
    -Confío en ti - dijo sonriéndome.
    -Sabes... él pensó que eramos novios - comenté un poco avergonzado.
    -¿En serio? - respondió sonriendo.
    -Sí...
    -Bueno... amm... - dijo en tono tímido.
   -Aquí tienen sus pedidos - dijo el chico acercándonos los platos. Creo que su venida interrumpió lo que me iba a decir Gerard.
    -Gracias - respondí sonriendo.
    -Se ve delicioso como tú - dijo Gerard mirándome de nuevo con aquella sonrisa tan especial.
   -No tanto como tú, tigre - contesté mirando sus labios. Me moría por besarlo pero, no creí que fuera el momento ni el lugar adecuado - por cierto, ¿qué me ibas a decir? - pregunté mordiendo mi pan con jalea.
    -No... nada, olvídalo - respondió sonriendo nervioso.
   -Hey, ahora que lo recuerdo, ¡¿cómo rayos vamos a volver al edificio?! - dije asustado. No podemos llegar así como así. Primero que todo, nos matarían, segundo, Alex y sus amiguetes seguro que de esta nos hacen trizas. Aunque me dé miedo llegar de una noche ausente, no cambiaría lo que sucedió entre nosotros.
   -¡Es cierto! - exclamó asustado Gerard - pues creo que tendremos que llegar y dar alguna excusa muy buena, porque si decimos lo que pasó en realidad, capaz que nos regresan a casa con o sin maletas.
    -Ya veremos como vamos a llegar... pero, no deben enterarse tus amigos.
   -¿Mis amigos? - preguntó con cara de confusión - que yo sepa nadie de ahí es mi amigo. Excepto tú y Raymond.
    -Es verdad - contesté sonriendo al escucharlo decir eso - por ahora comamos tranquilos, ya idearemos la manera de llegar lo menos sospechoso posible - dije terminando con mi pan. Gerard terminó de comer mucho antes que yo, por lo tanto, se levantó y fue a pagar la cuenta.
    -Me alegro que la hayan pasado bien - dijo Bob acercándose a nosotros - hace mucho que no recibimos clientes tan simpáticos como ustedes. Gerard no hizo más que mirarlo con recelo.
    -Muchas gracias, Bob - respondí sonriendo.
    -Creo que yo los he visto una vez - dijo pensativo - viven en el edificio gris que está cerca de la playa, ¿no es así? Yo llevo la comida a ese lugar.
    -¿En serio? - pregunté sorprendido - así que tú eres el que lleva los desayunos y las otras comidas para allá... - dije sonriendo - vaya, el mundo es muy pequeño.
    -Sí que lo es - contestó sonriendo el chico mesero.
    -Sí, es bastante pequeño el tiempo también por eso tenemos que irnos - interrumpió Gerard levantándose.
    -Ya veo - respondió Bob - a sido un placer, Frank y Gerard.
  -Lo mismo digo yo, Bob - respondí sonriéndole - hasta pronto - dije despidiéndome. Salimos de allí caminando juntos hacia el edificio con los nervios de punta. Aunque con una satisfacción inmensa por haber pasado la noche más maravillosa de nuestras vidas.
    -Ese rubiesito me jode bastante, créeme - comentó Gerard caminando apresurado.
  -¿Por qué? Yo creo que es buena onda - dije sonriendo - además, tu lo que tienes son celos - dije mirándolo con deseos de besar sus labios.
    -Sea lo que sea - respondió mirándome - no me gusta para nada.
    -Ay, entérate de una vez, ¡a ti no te cambio por nada en este mundo! - dije tocando su mano fría.
    -Yo tampoco lo haría, enano de mi corazón - dijo tocando mi mano. Ambos nos detuvimos y nos besamos de manera que nuestras bocas se abrían de manera grande. Cómo lo amo...
    -Venga, apresurémonos antes de que sea tarde - dijo tomándome de la mano. Ambos caminamos deprisa para llegar lo más rápido posible. Cuando estuvimos a punto de llegar, nos detuvimos.
    -Frank... - dijo tímido Gerard - creo que lo que sucedió entre nosotros es la evidencia de que nos amamos con locura y con pasión - dijo mirando mis labios - entonces, quería preguntarte si... te gustaría ser mi novio.
   -¿Q-qué si me gustaría ser... tu novio? - respondí nervioso y explotando de felicidad - y-yo... no tengo palabras para decir lo que siento en este instante, mi vida. Pero, por supuesto que diré sí - dije mirándolo apasionado por él. Lo tomé de la nuca y le dí un beso ardiente mientras el me tomaba de las caderas. Estuvimos besándonos intensamente sin pensar en lo demás por un segundo. Luego, nos separamos y nos dirigimos una mirada de amor y felicidad pura y bella. Entramos al edificio feliz y dispuestos a enfrentar cualquier reclamo o castigo, porque lo que acababa de pasar, era más grande que cualquier otra cosa.
Continuará...

PD: Me gustaría saber vuestras opiniones acerca de este capítulo, ¡venga, comenten y opinen! ;)

No hay comentarios:

Publicar un comentario